Papiro y tempestad

Devoción, recelo y discordancia.
Confianza, perjuicio y frustración.
Un lienzo volátil de amnesia,
primer acto en la dramática escenificación.

Papiro, tempestad y sacrificio,
un protocolo rutinario de aflicción.
Herida, abandono y olvido,
poderosa Circonis terminó con la ilusión.

El compás paulatino adopta jinetes.
Atractivo, indomable y segregado,
el sueño brilla lejano.

Lo envuelve la brisa y la neblina.
Arde, existe y se transforma.
Se vuelve cometa, se vuelve aurora.
Vive y se refleja en mi visión.

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Escudo y arpón

No puedo negar que el tiempo
pesa más que la soledad.
Que el dolor, es más fuerte
cuando lo siente alguien a quien quieres.

Y despues de tanto tiempo aprendí
que solamente aquel que lo perdió,
llega a conocer el verdadero amor
que un día existió.

Los días y las noches vienen y van,
el tiempo transcurre, no tiene final.
A penas hace un año podía escucharte hablar.

Se que estás ahí, en mis sueños existes.
Sigues cerca de mí, porque cierro los ojos y
te encuentro en mis pensamientos.

Cuánto voy a lamentar,
cuánto voy a anhelar cambiar.
En mi mente y en mi corazón
te has hecho inmortal.

La vida nos hizo desiguales,
la sangre nos unió, a pesar de
nuestros conflictos personales.

Nos hizo escudo y arpón,
tú mi soporte y yo tu razón.
Papá.

Dedicado a la memoria de mi padre,
José Marbán Díaz
18 de Septiembre de 1946 / 21 de Junio de 2013

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Hijos de la octava casa

Cuando uno habla de volver a empezar cree que
tal vez el momento nunca llegará, pero ahora es cuando
tomamos la iniciativa y nos ponemos de pie para admirar
el final de una etapa, el eclipse de sol marcando el destino,
el nuevo capítulo que un día se predijo.

Brotan sentimientos de aquello que no regresará, pero
lo que vivimos, nadie nos lo quitará.
¿Qué pasa si nuestro corazón sigue anhelando, si nuestros
sueños siguen flotando, si nuestros deseos alargan su llegada
y el puente de risas y diversión se acabara?

Date cuenta, el pasado no pudo destrozar nuestra esperanza,
porque para nosotros siempre es lo último que muere.
Somos los que nunca se rendirán, nacimos fuertes
ante la vida, porque nuestros llantos y risas alimentan
nuestra razón de pelear y seguir escalando,
por un mejor futuro, por una alegría sin final.
Nuestras tenezas el escudo y el aguijón un antídoto
contra los obstáculos.

Canta conmigo y nuestras voces alcanzarán las fronteras,
nuestras risas se unirán y la distancia ya no existirá.
Por que la felicidad forma parte de nuestros corazones y
eso nos hace más fuertes que cualquier desenlace.

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